En estos tiempos modernos, frontera y límite se funden en una línea blanca. Uno puede encontrarse con un pie en Inglaterra y el otro en España, simplemente plantándose en la frontera (de la Línea de la Concepción, Cádiz).

Antiguamente, una frontera era algo mucho más amplio. Era una región, un territorio entero. Te pasabas una semana cruzando la frontera. Podías incluso vivir en ella, teniendo una casa en tierra de nadie. Y podías, incluso, morir en ella. Posiblemente, me esté adelantando unos años a la desaparición de la frontera tal como la he descrito, pero veo claro que tienden a cero.

Uno de los margenes históricos que más me llaman la atención fue la frontera granadina. El territorio que llegó a ser el límite europeo entre el Cristianismo y el Islam.

Hubo un tiempo en que los musulmanes hubieran sido los buenos en las noticias de la CNN, allá por el 700 (la CNN fue fundada casi 1300 años después). Aunque pronto, los cristianos, que por entonces eran más descerebrados que los islámicos, empezaron a arrinconarlos hacía el sur de Europa, hasta que acabaron resistiendo unos años en el llamado Reino de Granada. Allí justamente se formó “la Banda Morisca”, ese territorio fronterizo del que hablaba anteriormente. Esta es la razón por la cual muchos topónimos andaluces tienen el apellido “de la Frontera”, debido a que formaban parte de este margen: Arcos de la Frontera, Chiclana de la Frontera, Vejer de la Frontera o Conil de la Frontera, por ejemplo, en la provincia de Cádiz. Si estás de visita y te alojas en alguno de los hoteles de Cádiz, te recomiendo acercarte a Conil de la Frontera y visitar la Torre de Guzmán, que fue construida para defender la ciudad en caso de ataque.

Esta Reconquista acabó en 1492, con la re-reconquista de Granada por los Reyes Católicos, quienes con los éxitos cosechados estuvieron ese año en el Top 1 de los Reinados del Mundo.