El viaje hacia China, destino Guangzhou, me hizo coger 3 aviones. Primero Barcelona-Amsterdam, 50 minutos para coger el siguiente avión (un impresionante Airbus), 10 horas de vuelo hasta Shangai y las susodichas 9 horas en las que pude recorrer de cabo a rabo el espectacular aeropuerto de Pudong.

Antes, quiero dar las gracias a la guapísima holandesa que tan amablemente me atendió en El Prat, donde me dio un asiento de primera clase en el vuelo largo Amsterdam-Shangai. Imaginaros el panorama: fila 1, delante no tenia nada, porque la cabina del piloto estaba en un segundo piso del avión; pantalla individual donde podías elegir películas para ver, en idioma original subtituladas en holandés, árabe o chino, aunque alguna había doblada al español mexicano, que si ya me cuesta verlas dobladas, en español latino la cosa es de risa; asientos reclinables, hasta con masaje incorporado. Compartía asientos con una familia belga, el hijo no calló en todo el viaje, lastima de saber un poco de francés y entender casi todo lo que decían. El padre no paró de beber vino y me proyectaba los eructos, cual Kasparov.

Qué hermoso skyline tiene Shangai visto desde el avión!

La llegada a un nuevo país implica conocer primero el aeropuerto, y lo que más me impacta es la salida fuera de la terminal para comprobar el clima tropical, caluroso y húmedo del que dispone en estas fechas el glorioso país de China. Tiempo tuve para todo, recorrer las dos enormes terminales de arriba abajo, pocos occidentales salieron a mi paso, hombres chinos en pijama hawaiano siendo abroncados y agredidos por sus mujeres por fumar en la terminal, guapas (que digo, guapísimas) azafatas, siestas furtivas en asientos acolchados abrazado a mis pertenencias, para despertar siendo observado por amables ancianas chinas que me sonreían con complicidad.

Y nos dieron las mil, y por fin mi vuelo salio hacia Guangzhou, donde esperaba el caluroso recibimiento por parte de Héctor, el hermano que nunca tuve (somos dos mariquitas). Sabéis que soy soñador y esperaba una orquesta de Mariachis, pero siendo realistas, tuve que esperar una hora porque Héctor estaba en la otra terminal… todo el romanticismo a tomar por el piiiiiip. Después de esperar media hora a que unos empleados de seguridad del parking nos dejaran salir, ya que el taxista se coló o algo parecido, rumbo a la city, 40 km de autopista casi recta, primeros rascacielos (creo que Guangzhou debe tener unos 8-9 millones, aunque no me hagáis mucho caso) y a dormir en casa de Alberto, un amigo italiano de Héctor.

Al día siguiente, otro avión hacia Lijiang, China profunda, al lado de la India, pero eso ya es otra historia que ya estoy viviendo y que contaré en sucesivos posts.