Ya en el siguiente avión, Héctor, mi anfitrión por tierras chinas, se encarga de desgranarme los detalles del tour por la provincia del Yunnan, limítrofe con Laos, Vietnam, Myanmar y el Tibet. Bellas azafatas nos proporcionan un nutritivo desayuno basado en pollo y arroz.

Karl Marx, hombre pensante

La primera parada es Lijiang, ciudad tomada por la etnia Naxi y los turistas chinos (como se nota que la clase media empieza a emerger, temblad malditos). Sintiéndonos más guiris que nunca, paseamos por las calles empedradas infestadas de comercios con artesanía típica del lugar, postales, bisutería barata y hasta fotografías de Marx!

Visitamos el Parque del Estanque del Dragón Negro, creyendo ser las únicas personas que han pagado la entrada por ser occidentales, una clavada de 80 yuanes por cabeza (unos 8 euros). El parque no da para mucho, e intentamos la subida a Elephant Hill, mas de 800 escalones en una abrupta pendiente, de la cual desistimos al caer la noche por falta de aire en nuestros pulmones (estamos a unos 2000 metros de altitud).

Viejete naxi con cara de pocos amigos

Después de un merecido descanso en la suite nupcial del Panba Hostel, alquilamos un par de bicis por 20 yuanes (2 euros) y enfilamos la carretera recta y larga hasta Baisha, pueblo cercano y también sede de los Naxi. Nuestra llegada al pueblo provoca las risas de los nativos Naxi, suerte que Héctor con un par de frases en chino nos salva del ridículo general. Comemos rica comida Naxi, mientras los dueños del local nos machacan a preguntas, mientras vemos desfilar toda clase de gente: viejitas Naxi con bebe a la espalda, turistas occidentales medio perdidos, desfile de bellas chinas ricas con sus respectivos paraguas protegiéndose del calor, carromatos dignos de “Mad Max y la cúpula del trueno”… Visitamos también un centro turístico con un par de templos budistas, fotos de rigor y decidimos poner rumbo al templo Fugu. A la media hora de subida de un puerto que ríete tu del Tourmalet, y también por falta de aire (viva el deporte), desistimos ya que las fuerzas brillan por su ausencia.

Mao nos dice adios

Al día siguiente y con las pilas medio cargadas, desayunamos junto con una pareja suiza discutiendo sobre el capitalismo y sus efectos en China. Suerte que el chico hablaba un español sudamericano y pudimos descubrir su fascinante profesion: viaja anualmente a China para comprar té para la tienda que regentan sus padres en Berna. Empaquetamos y nos subimos a un minibus de 15 plazas rumbo a Da Li. 3 horas de trayecto que da para mucho: adelantamientos a bicis, carromatos, tiovivo lúgubre plegable, gorrinos… El conductor deja en pañales a Carlos Sainz. Una siesta merecida y llegada a Da Li. Pero los detalles no serán hasta el siguiente post! Bye bye!