Para empezar, el negocio se llama ¡Pompas fúnebres!. ¿Qué falta de respeto es esa?… ¡Pompas fúnebres!, parece la marca de un champú para difuntos:

“Pompas fúnebres, ¡el champú que no irrita los ojos!”.

Y después de lavarle la cabeza al muerto con el champú “pompas fúnebres” nos vamos de marcha…, de “marcha fúnebre”… ¿Marcha fúnebre? ¡Esto ya es cachondeo! ¡Seguro que irse de marcha fúnebre es ir a mover el esqueleto!

Monólogo “Los velatorios” de Enrique San Francisco.