Si contamos en voz alta mientras nos ponen una inyección, podremos hacer desaparecer el dolor que producen. Según estudios que no hemos realizado, el acto en sí de contar moviliza la misma zona del cerebro que se encarga de reconocer el dolor.

Es de suponer que se crea una pugna por el control de la zona, con lo que, y esto es una conclusión nuestra, habrá que contar más alto si el dolor está ganando la partida. Se vale chillar.