Tal como esta el mundo, pensar en retrasar un desarrollo suena a WTF?. Si acaso, adelantarlo o darle un empujón, pero nunca ralentizarlo. El término desarrollo retrasado o atrofiado es lo que se conoce en inglés como “arrested development“. Los biólogos siempre han estado interesados en el estudio de casos de desarrollo atrofiado ya que acostumbran a arrojar luz en los procesos de crecimiento y maduración.

Por ejemplo, hasta ahora se pensaba que los orangutanes adolescentes atrofiaban su desarrollo debido al entorno social de estos animales, constantemente intimidados por los machos adultos. Si no iban tan rápido, no competirían con las bestias que dominan el harén y su esperanza de vida se alargaría. Lo que pasa es que ahora además se cree que no es una patología, sino una estrategia de adaptación evolucionaria. Los machos con retraso en el desarrollo son capaces de impregnar más hembras y estando pequeños e inmaduros, minimizan la cantidad de comida que necesitan y el riesgo de conflictos serios con los machos adultos. Es decir, alargan su estancia en el Instituto. ¿No es maravilloso?

En algunos casos, la causa del desarrollo arrestado es un desorden genético; por ejemplo, una mutación en el receptor del factor del crecimiento en humanos da como resultado una forma de enanismo. Factores ambientales también pueden ralentizar o detener el desarrollo de un organismo. Por ejemplo, la escasez de comida retrasa la maduración en humanos y muchos otros animales. Esta respuesta es lógica desde un punto de vista evolutivo -si no está claro que vayas a sobrevivir otra semana, no tiene sentido malgastar calorías para añadir más masa ósea o desarrollar características sexuales secundarias. Puede ocurrir que gimnastas y bailarines de ballet que se ejercitan hasta los extremos y anoréxicas que se autoprivan de comer experimenten un retraso en la llegada de la pubertad.

He leído sobre ello en Scientific American.